Vivimos en la sociedad del «usar y tirar», del consumir sin a penas saborear, y eso lo condiciona todo.

 

Vemos miles de vídeos al día. No todos son buenos, claro. Hay vídeos de rusos pegándose tortazos que no pueden estar más mal grabado, pero los vemos. Hacen gracia. También vemos algunos vídeos de amigos y gente a la que queremos. No son grandes producciones, algunos están bastante mal grabados, pero los vemos. Y es que la historia está por encima de todo.

Sea lo que sea que ofrezcas, tu cliente lo querrá para ya mismo. Con toda seguridad, el plazo de entrega que le digas le parecerá que ha de esperar demasiado. La velocidad ha ganado algunos puntos a la calidad, pero no la batalla. Y este deseo por la inmediatez supone una oportunidad para todos nosotros.

Cuando en 2013 Snapchat empezó con los vídeo-stories cortos, nadie pudo predecir el boom de esta red social y lo que ello conllevaría. También muy pocos hemos visto venir el auge del contenido efímero. Y respecto a esto, un par de cifras. Instagram Stories, en su primer año de vida, ha incrementado el tiempo de permanencia en la red social entre 15 y 32 minutos al día y el 82% prefería ver un directo de una marca, a una publicación.

Ahora que es tan fácil hacer y publicar un vídeo, y que el nivel de exigencia en Internet no es demasiado alto, es un buen momento para empezar a hacer video marketing y experimentar. Los fallos están más perdonados hoy, pero menos que mañana, aunque mejor no caigas en los errores que yo ya caí cuando empezaba en esto del vídeo. Si eres de los que no le tiene miedo a la cámara, tienes una oportunidad de oro si haces directos.

 

La inmediatez marca las reglas del juego.

 

Cada día se genera más contenido del que pueda ser visto, y se crea tan rápido que por necesidad no puede ser bueno. ¿podríamos hablar de fast-video? No nos engañemos, no se puede hacer un buen caldo si no se dedica el tiempo necesario. Emplear menos tiempo del que requiere una tarea siempre lleva a que sea de peor calidad, y esto precisamente puede suponer otra oportunidad: por un lado podemos generar contenidos ágiles, que sin buscar la máxima calidad nos ayuden a generar una conexión más inmediata, pero a la vez podemos apostar por la excelencia en otros contenidos lo que nos ayudará a imprimir más notoriedad a la marca. Se trata de jugar con dos velocidades, pero como siempre lo importante es lo que cuentas: el valor de los contenidos que generes serán lo que le de o le quite valor a tu marca, más allá de si es una producción muy elaborada con un largo recorrido o algo espontáneo con una vida muy corta.

En ambos casos, estamos de acuerdo que el primer objetivo es tener el vídeo publicado cuanto antes, pues como decíamos al inicio la inmediatez lo condiciona todo. Los mensajes sincronizados con la actualidad funcionan muy bien, y en el caso que sea un vídeo de un evento, cuanto antes esté publicado, más fuerza tendrá, si eres el primero en decir algo, pronto te convertirás en el referente, pero ojo, yo nunca recomendaría anteponer la velocidad a la calidad, un vídeo por muy poco importante que sea no puede publicarse con fallos, calidad insuficiente, ni sin una mínima estructura de inicio, nudo y desenlace, y para saber cuando un vídeo tiene todo esto basta con compararlo con una llamada de teléfono: Necesitamos presentarnos, justificar el motivo de la llamada y despedirnos, por su puesto que no se entrecorte la señal y que el mensaje quede perfectamente claro y sea relevante para el receptor. Esto es como la prueba del algodón de cualquier mensaje, sin no las cumple, no lo publiques o le estarás haciendo un flaco favor a tu marca.

Fíjate, hablamos del teléfono como si fuera algo arcaico, y es que todo va muy deprisa en el mundo digital. ¡No se hable más! ¡Manos a la obra!… ¿a qué estas estas esperando?

 

 

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